Engendrado en el mundo mediterráneo hace más de 20 siglos, el mosaico tuvo un auge prodigioso en las riberas del Mare Nostrum durante la época romana. Se difundió en todas sus provincias con una unidad conceptual y artística, con su estilo y carácter propios.
El mosaico expresa una clara exposición de la voluntad romana de solidez y perennidad, ya que esta forma de figuración resiste mucho mejor que la pintura el paso del tiempo.
Crear una pintura de piedra a partir de una multitud de cubos cuidadosamente alineados, y a menudo dispuestos como rompecabezas, da lugar a una estructura que los engloba. Surge así, como por milagro, una imagen única, coherente y ordenada, nacida de lo múltiple y definida ya en la antigüedad como un misterio fascinante: el mosaico, entre lo abstracto y lo concreto.
Narvma utiliza el método directo en la colocación de las piedras, del mismo modo que un pintor da pinceladas sobre un cuadro. Se integran una a una las piezas, imprimiéndoles personalidad y carácter para formar una imagen única y hermosa, de gran valor y calidad.
Narvma solo trabaja con mármoles y calizas configuradas en teselas, entre las que destacan por su belleza: lapislázuli, ónix, Macauba, travertinos, verde de India, Taiwán, blancos, rosas, amarillos, negros… Todo un espectro cromático en piedra natural que da vida a cada obra.